martes, 12 de octubre de 2010

Particular

Sabia. Lo sabía. Fue como comer alitas y esperar la gastritis. Comerlas rápidamente. Con chepos y todo. Y esa conversación. Esa la inombrable. La voluntariamente reprimida. Fué como tomar ranitidina después. Una buena dosis. Quizá de mas. Quizá un poco tóxica. La situación. Digo, la medicina. Pero no importa. No importa que se me haya pasado la dosis porque la necesitaba. Y no me arrepiento de comer alitas. Mentira. De comer siempre me arrepiento. De lo que no me arrepiento es de la parte analógica de esta historia. Tan particular. Tan particular e irremediablemente penetrante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario